-¿Toño? ¡Ayúdame ¡¡me estoy muriendo¡
Esas fueron las últimas palabras que Toño escuchó cuando levantó la bocina de su teléfono, mientras dormía. Hilda, su mejor amiga desde primero de primaria.
¿Eres tú, Hilda?
-Ayúdame, Por Favor!
Viernes, como siempre el grupo de amigos organizaba cualquier fiesta, con el pretexto de poder fumar o beber y lo que más les gustaba drogarse. Por supuesto que las mamás creían que iban a ser tarea. Eso era como de costumbre, claro está que unos más que otros, ese era el caso de Toño. Un chavo normal, con los problemas que la mayoría de los jóvenes tiene, como no hablarle a sus papás e ir mal en algunas materias. El caso contrario de Hilda una chava centrada, con principios y que con dificultad tomaba o fumaba. Amigos, amigos que en realidad no tenían nada que ver, los dos vivían en un mundo muy diferente, pero amigos en realidad, o tal vez muy pronto algo más.
Un viernes de locos, a Hilda se le ocurrió asistir a una de sus “convivencias”, ya que Toño se la había pasado convenciéndola toda la mañana. Al llegar a la casa de Luis, el peor de los amigos ya que se metía de todo. Hilda desconcertada al ver todo, aceptó un solo vaso de refresco, eso fue lo único que tomo para que su vida diera un cambio exagerado, nunca pensó que algo tan simple, le pudiera cambiar la vida, al tomarlo se empezó a sentir diferente llena de energía, con ansias de gritarle a todo el mundo que era libre. Toño al verla, aclaró que su vida no era como ella misma planeaba sino que era lo contrario. Hilda empezó a llorar y reír al mismo tiempo, estaba completamente loca. Toño al verla se sentía culpable por habérselo dado. Toño ya se quería ir, pero Hilda no pensaba lo mismo, ella quería seguir tomando, disfrutando y haciendo lo que jamás hubiera pensado hacer, y así fue cuando todo empezó.
Llegó lunes, Luis e Hilda nunca aparecieron, era de pensar, los dos al terminar la fiesta se fueron a conseguir un poco más de lo que habían estado tomando. Así la vida de Hilda se transformó, ya no iba a la escuela, se la pasaba tomando y cuando por fin llegaba, la veías fumando, Luis y ella se hicieron novios, ya que compartían las mismas cosas. Toño se sentía solo, ya no tenía con quien hablar, pero lo que más le preocupaba era que Hilda había cambiado por su culpa. Así pasaron dos meses, Hilda había reprobado el año, ya no le preocupaba la escuela, decía que era algo inútil, que al final no le serviría de nada. Se pasaba todas las tardes, tomando cocaína, ya era tanto la adicción que a veces se de dos tipos, porque esa ya no le hacía efecto. Toño, al contrario de Hilda ya había dejado todas las adicciones, ya que quería ponerle el ejemplo a Hilda.
Sábado, el día que Toño, se enteraría del más grande dolor de toda su vida, justo a las dos y media de la mañana, el teléfono empezó a sonar. Toño algo desconcertado, contestó, era Hilda, que le pedía ayuda desesperadamente, Hilda estaba en medio de una gran sobredosis, desgraciadamente nada se pudo hacer, fue el peor golpe que Toño pudo haber tenido. Luis se pudo salvar, pero Hilda, una chava inocente, murió.
Esas fueron las últimas palabras que Toño escuchó cuando levantó la bocina de su teléfono, mientras dormía. Hilda, su mejor amiga desde primero de primaria.
¿Eres tú, Hilda?
-Ayúdame, Por Favor!
Viernes, como siempre el grupo de amigos organizaba cualquier fiesta, con el pretexto de poder fumar o beber y lo que más les gustaba drogarse. Por supuesto que las mamás creían que iban a ser tarea. Eso era como de costumbre, claro está que unos más que otros, ese era el caso de Toño. Un chavo normal, con los problemas que la mayoría de los jóvenes tiene, como no hablarle a sus papás e ir mal en algunas materias. El caso contrario de Hilda una chava centrada, con principios y que con dificultad tomaba o fumaba. Amigos, amigos que en realidad no tenían nada que ver, los dos vivían en un mundo muy diferente, pero amigos en realidad, o tal vez muy pronto algo más.
Un viernes de locos, a Hilda se le ocurrió asistir a una de sus “convivencias”, ya que Toño se la había pasado convenciéndola toda la mañana. Al llegar a la casa de Luis, el peor de los amigos ya que se metía de todo. Hilda desconcertada al ver todo, aceptó un solo vaso de refresco, eso fue lo único que tomo para que su vida diera un cambio exagerado, nunca pensó que algo tan simple, le pudiera cambiar la vida, al tomarlo se empezó a sentir diferente llena de energía, con ansias de gritarle a todo el mundo que era libre. Toño al verla, aclaró que su vida no era como ella misma planeaba sino que era lo contrario. Hilda empezó a llorar y reír al mismo tiempo, estaba completamente loca. Toño al verla se sentía culpable por habérselo dado. Toño ya se quería ir, pero Hilda no pensaba lo mismo, ella quería seguir tomando, disfrutando y haciendo lo que jamás hubiera pensado hacer, y así fue cuando todo empezó.
Llegó lunes, Luis e Hilda nunca aparecieron, era de pensar, los dos al terminar la fiesta se fueron a conseguir un poco más de lo que habían estado tomando. Así la vida de Hilda se transformó, ya no iba a la escuela, se la pasaba tomando y cuando por fin llegaba, la veías fumando, Luis y ella se hicieron novios, ya que compartían las mismas cosas. Toño se sentía solo, ya no tenía con quien hablar, pero lo que más le preocupaba era que Hilda había cambiado por su culpa. Así pasaron dos meses, Hilda había reprobado el año, ya no le preocupaba la escuela, decía que era algo inútil, que al final no le serviría de nada. Se pasaba todas las tardes, tomando cocaína, ya era tanto la adicción que a veces se de dos tipos, porque esa ya no le hacía efecto. Toño, al contrario de Hilda ya había dejado todas las adicciones, ya que quería ponerle el ejemplo a Hilda.
Sábado, el día que Toño, se enteraría del más grande dolor de toda su vida, justo a las dos y media de la mañana, el teléfono empezó a sonar. Toño algo desconcertado, contestó, era Hilda, que le pedía ayuda desesperadamente, Hilda estaba en medio de una gran sobredosis, desgraciadamente nada se pudo hacer, fue el peor golpe que Toño pudo haber tenido. Luis se pudo salvar, pero Hilda, una chava inocente, murió.
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